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15 de diciembre de 2009

El año 2000 segun 1910.

El ser humano nunca ha sido bueno prediciendo su futuro. A veces hemos acertado, sin embargo la mayoría no hemos sido capaces de ver lo que nos venia encima.
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La biblioteca nacional de París realizo una exposicion on line de dibujos realizados en torno a 1910, el tema es la vida en el año 2000.
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. Parece que en el futuro siempre se usan transportes aéreos en las ciudades, sea cual la época del dibujo o la película. No quiero ni pensar en los atascos.
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Patinetes a propulsión, algún chaval de mi barrio se hizo un par.
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El primer tren de alta velocidad.


Unas imagenes bastante idealizadas, a principios del siglo XX se confiaba en la ciencia y el progreso. El futuro se pintaba de color de rosa, desgraciadamente no muchos años después la historia se encargaría de cambiar esa percepción.
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Esto no se lo que es, ¿Un giroglobo?
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Todo un prodigio el hidroavión de rescate, aunque no se si seria muy practico en mitad de una tormenta.
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Esto si que es un avance.

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Algunos de los inventos que nos muestran hoy estarían completamente desfasados, mientras que otros siguen existiendo solo en las mentes mas calenturientas.




Bomberos voladores.
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La maquina que fabrica trajes a medida al instante.

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.Si todavía siguiéramos así...
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Usos, costumbres y vestimentas propias de la época conviviendo con la tecnología del vapor llevada a sus ultimas consecuencias. El sueño de cualquier escritor steampunk.

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¿Comunicacion pseudo-holografica?
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Bicicletas, un buen remedio ante la crisis.
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Las barberías ya no son lo que eran.
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Miedo me da.

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Supongo que cualquier habitante del año 2100 se sonrojara con la prospectiva actual.

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Y dale con el vuelo individual.
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¡Vivan los novios!
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Los sovieticos tenían un prototipo similar... o casi.

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La mecanizacion al servicio de lo mas personal.

23 de noviembre de 2009

Catáfilos: Pasion por las catacumbas.

Continuemos allí donde lo dejamos.




Con un tema que (serán cosas mías) me ha parecido un poco paralelo a esto del mundillo de los blogs.

El ocho de septiembre de este mismo año un grupo de la policía del subsuelo francés se topó con un pasillo bloqueado por lonas, vallas y señales de prohibido el paso. Al avanzar encontraron un circuito cerrado de televisión con un detector de movimiento que ponía en marcha una grabación de ladridos de perro. Estas medidas de seguridad protegían una caverna de cuatrocientos metros cuadrados y forma de anfiteatro, una sala de proyección, pantallas de cine y un bar restaurante con: mesas, sillas, una cocina bien equipada y líneas de luz y teléfono operativas.
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En un primer momento pensaron, por algunas pintadas, que se trataba de una sociedad esotérica. Resulto ser una sala de cine y conciertos, de un grupo cultural alternativo: La mexicaine de la perforation, que reinvidicó la construcción y dejó un mensaje, tras cortar la luz para que no se les pudiese imputar por robo de electricidad: No nos busquéis.

Al parecer llevaban dos meses usando el lugar como centro de actos.




Esto es solo el ultimo ejemplo de un movimiento que hace tiempo se fragua en, o mejor dicho, bajo Paris. Los llamados catafilos, que reclaman la puesta en uso del “inframundo” abandonado, y que no solo se mueven por las catacumbas o las canteras, también frecuentan las numerosas infraestructuras conectadas entre si.



Ya en 1955 se prohibe bajar a las catacumbas de Paris. En los ochenta el entonces alcalde de la ciudad, Jacques Chirac, ordenó el sellado con hormigón de todas las entradas conocidas, desde entonces un grupo de especial de la policía patrulla el lugar. Cualquiera que sea sorprendido en esos menesteres es condenado a una multa de sesenta euros mas las costas del proceso, de poco sirve tan prosaica amenaza.




Pero siguen existiendo muchos accesos, unos antiguos, otros abiertos por los propios catafilos que los marcan con su apodo subterráneo. Y aquellos que los usan pueden clasificarse en diversos perfiles humanos.

Están los bohemios, también los turistas ocasionales que pagan a otros para que les hagan de guía, los buscadores esotéricos, los exploradores que se adentran en el laberinto con mapas garabateados por ellos mismos y los inconformistas que buscan una vida paralela. Los hay incluso famosos, como cierto individuo que solía frecuentarlos vestido de oficial de las SS nazis.



Incluso los amantes de la espeleología urbana, que se atreven con los niveles inferiores desafiando los derrumbes y la oscuridad, tienen aquí su sitio.
Y es que al ser humano le encanta lo prohibido, lo tabú. Un lugar que combina morbo peligro, mística, historia y muerte; donde pueden encontrarse vestigios romanos junto a los restos de las misas negras de Carlos X y tras dos pasos la obra de algún artista underground, no podía pasar desapercibido. Para que negarlo, hay ademas tiene cierto aire de nueva ultima frontera en un tiempo en el que todo lo que la mayoría tenemos a nuestro alcance parece explorado, conocido, domesticado, rutinario.



Como dijo Víctor Hugo:”La cloaca es la conciencia de la ciudad”

Y un dato curioso: El nombre catafilo no parece provenir de cata-filo (amigo de las catacumbas), sino de la leyenda del judío errante. Llamado Catafilo por un antiguo obispo Parisino.

19 de noviembre de 2009

Paris: La ciudad oculta.

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Son muchas las ciudades que atesoran mitos y enigmas en su subsuelo. Roma esconde mas pasado que ninguna otra, Nueva York alimenta mil leyendas urbanas. Aquí en España, sin ir mas lejos, Madrid presume de un tesoro perdido, Barcelona de una misteriosa patricia romana y Toledo de tener en alguna parte de sus viejas entrañas la codiciada mesa de Salomón.

Pero sin duda son los bajos de Paris los mas inquietantes. Un laberinto oscuro bajo la ciudad de la luz. Pasadizos, canteras, laboratorios subterráneos, restos arqueológicos, criptas, estaciones de metro, lugares de culto para extrañas tribus urbanas, cultivos de champiñones… todo un mundo anárquico y desconocido para la mayoría de los confiados paseantes que pueblan sus bulevares y cafés.




Un intrincado sistema de niveles interconectados: Justo debajo de la superficie el sistema de túneles de servicio, luz y gas; bajo esto las líneas de alcantarillado, metro y tren; finalmente a mas de veinte metros arranca una antigua red de caóticos túneles mineros, que un día tuvieron mas de seiscientos kilómetros.


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Todo comenzó con la ocupación romana. La piedra caliza era un material muy apreciado, los constructores la extraían bajo las colinas y valles por donde después se extendería la ciudad, asi de levantaban villas, iglesias, catedrales y palacios. Asi el siglo XVIII, cuando la tierra bajo la urbe era ya un queso de gruyer y proliferaban los hundimientos. Un peligro que continua hoy, en fecha tan reciente como el 1 de julio de 1961 un derrumbe hizo desaparecer seis calles.



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En 1777 el recién fundado departamento de inspección de minas las paraliza y traza un ambicioso plan de cimentación de las galerías. Nadie sabe cuantos kilómetros fueron reforzados y mapeados, todos estos documentos se perdieron cien años después, quemados durante las revueltas de La Comuna. Solo quedan algunas inscripciones que hacen las veces de placas de calles.

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Este submundo ha conocido luchas revolucionarias, experimentos secretos de los prohombres de la ciencia francesa (profanación de cadáveres, privación sensorial,…), juegos del ratón y el gato entre los nazis y la resistencia. Una vida que continua hoy.




Pero lo mas singular de este lugar sin duda son las catacumbas, las antiguas minas trasformadas en el mayor osario del mundo. Los restos de mas de seis millones de personas descansan aquí, aportando su granito de arena a sostener la metrópoli. A partir de 1785 el crecimiento demográfico y la insalubridad obligo a vaciar los viejos cementerios intramuros, a veces grandes fosas comunes casi a cielo abierto, como el de Los Inocentes. De noche, en carros de caballos y en solemne procesión se tardaron treinta años en trasladar diez siglos de restos.





Una pequeña parte de estos túneles están abiertos al publico. Tras pagar unos módicos siete euros el turista baja una estrecha escalera y traspasa una puerta con la inscripción: ¡Detente! Este es el reino de la muerte.

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Una visita guiada de una hora por salas y pasillos a base de huesos humanos ordenados caprichosamente. Unas en perfecta geometría, otras descuidadamente, a veces formando motivos religiosos.

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Existe otra forma de visitar este reino subterráneo, una que enlaza no con el pasado sino con el presente y que es, quizás, lo mas emocionante de esta historia.




Aunque de eso hablare en la próxima entrada.