Giuditta, hija de un obrero metalúrgico jubilado y de una ama de casa, trabajaba como secretaria en un conocido bufete de abogados, pero la ilusión de sus padres era que su hija cursase la carrera de derecho. Asi que en 1990 les hizo creer que se había matriculado en la facultad, que podía compatibilizar ambas cosas, extendiendo además el engaño a todo su circulo social.

Año tras año no solo mantuvo la impostura, sino que fue consiguiendo imaginarias buenas notas y superando inexistentes exámenes (eso les decía a todos, claro), incluso memorizó numerosos textos legales para poder mantener la falsa. Hasta que en 1995 llego el momento de terminar los estudios y se invento una tesis doctoral sobre asociaciones criminales, matricula de honor por supuesto.
Con tan buenos resultados poco a poco fue adquiriendo responsabilidades en su bufete. Ya había traspasado el punto de no retorno y no podía volverse atrás, de modo que cuando llego el momento falsificó lo necesario para presentarse a juicio. Nadie se molestó en comprobar los datos de aquella joven y brillante abogada cuyo nombre ya sonaba en los circulos judiciales, y… lo gano.
Fue el comienzo de una carrera meteórica, los años “fingiendo” estudiar le habían servido para acumular grandes conocimientos judiciales. Mas de doscientos cincuenta casos ganados, ninguno perdido, socia de dos importantes firmas de abogados, incluso hizo sus pinitos como corresponsal de una agencia de noticias.
Finalmente en 2006, diez años después de comenzar a ejercer, se presento en un juzgado penal y se autodenunció por intrusismo laboral ante un juez que le había dado la razón en varios pleitos. Aseguro que no podía vivir con el miedo a ser descubierta. La verdad es que sus razones, al menos en parte, fueron un poco mas mundanas, su castillo de naipes se derrumbaba. Debía 600.000 euros, consecuencia de unas inversiones arriesgadas que salieron mal, y se le venia encima un proceso por deudas en el cual seguramente se descubriría la verdad.
Lo perdió todo, su trabajo, su matrimonio (su marido tampoco estaba al tanto), sus antiguos clientes la acribillaron a demandas. La maquinaria judicial italiana, enfurecida por el ridículo, clamó venganza. El 23 de Noviembre de 2007 fue condenada a cinco años por catorce cargos diferentes. Con su libro: “Confesiones de una abogada sin titulo” recuperó algo de dinero, pero aun le reclaman un millón de euros.
En estos momentos estudia derecho en la cárcel para poder ejercer con todas las de la Ley. Probablemente no sepamos nunca nada mas sobre esta mujer, nacida de improviso una calurosa noche de 1970, en un cine de verano.

