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23 de noviembre de 2009

Catáfilos: Pasion por las catacumbas.

Continuemos allí donde lo dejamos.




Con un tema que (serán cosas mías) me ha parecido un poco paralelo a esto del mundillo de los blogs.

El ocho de septiembre de este mismo año un grupo de la policía del subsuelo francés se topó con un pasillo bloqueado por lonas, vallas y señales de prohibido el paso. Al avanzar encontraron un circuito cerrado de televisión con un detector de movimiento que ponía en marcha una grabación de ladridos de perro. Estas medidas de seguridad protegían una caverna de cuatrocientos metros cuadrados y forma de anfiteatro, una sala de proyección, pantallas de cine y un bar restaurante con: mesas, sillas, una cocina bien equipada y líneas de luz y teléfono operativas.
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En un primer momento pensaron, por algunas pintadas, que se trataba de una sociedad esotérica. Resulto ser una sala de cine y conciertos, de un grupo cultural alternativo: La mexicaine de la perforation, que reinvidicó la construcción y dejó un mensaje, tras cortar la luz para que no se les pudiese imputar por robo de electricidad: No nos busquéis.

Al parecer llevaban dos meses usando el lugar como centro de actos.




Esto es solo el ultimo ejemplo de un movimiento que hace tiempo se fragua en, o mejor dicho, bajo Paris. Los llamados catafilos, que reclaman la puesta en uso del “inframundo” abandonado, y que no solo se mueven por las catacumbas o las canteras, también frecuentan las numerosas infraestructuras conectadas entre si.



Ya en 1955 se prohibe bajar a las catacumbas de Paris. En los ochenta el entonces alcalde de la ciudad, Jacques Chirac, ordenó el sellado con hormigón de todas las entradas conocidas, desde entonces un grupo de especial de la policía patrulla el lugar. Cualquiera que sea sorprendido en esos menesteres es condenado a una multa de sesenta euros mas las costas del proceso, de poco sirve tan prosaica amenaza.




Pero siguen existiendo muchos accesos, unos antiguos, otros abiertos por los propios catafilos que los marcan con su apodo subterráneo. Y aquellos que los usan pueden clasificarse en diversos perfiles humanos.

Están los bohemios, también los turistas ocasionales que pagan a otros para que les hagan de guía, los buscadores esotéricos, los exploradores que se adentran en el laberinto con mapas garabateados por ellos mismos y los inconformistas que buscan una vida paralela. Los hay incluso famosos, como cierto individuo que solía frecuentarlos vestido de oficial de las SS nazis.



Incluso los amantes de la espeleología urbana, que se atreven con los niveles inferiores desafiando los derrumbes y la oscuridad, tienen aquí su sitio.
Y es que al ser humano le encanta lo prohibido, lo tabú. Un lugar que combina morbo peligro, mística, historia y muerte; donde pueden encontrarse vestigios romanos junto a los restos de las misas negras de Carlos X y tras dos pasos la obra de algún artista underground, no podía pasar desapercibido. Para que negarlo, hay ademas tiene cierto aire de nueva ultima frontera en un tiempo en el que todo lo que la mayoría tenemos a nuestro alcance parece explorado, conocido, domesticado, rutinario.



Como dijo Víctor Hugo:”La cloaca es la conciencia de la ciudad”

Y un dato curioso: El nombre catafilo no parece provenir de cata-filo (amigo de las catacumbas), sino de la leyenda del judío errante. Llamado Catafilo por un antiguo obispo Parisino.

19 de noviembre de 2009

Paris: La ciudad oculta.

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Son muchas las ciudades que atesoran mitos y enigmas en su subsuelo. Roma esconde mas pasado que ninguna otra, Nueva York alimenta mil leyendas urbanas. Aquí en España, sin ir mas lejos, Madrid presume de un tesoro perdido, Barcelona de una misteriosa patricia romana y Toledo de tener en alguna parte de sus viejas entrañas la codiciada mesa de Salomón.

Pero sin duda son los bajos de Paris los mas inquietantes. Un laberinto oscuro bajo la ciudad de la luz. Pasadizos, canteras, laboratorios subterráneos, restos arqueológicos, criptas, estaciones de metro, lugares de culto para extrañas tribus urbanas, cultivos de champiñones… todo un mundo anárquico y desconocido para la mayoría de los confiados paseantes que pueblan sus bulevares y cafés.




Un intrincado sistema de niveles interconectados: Justo debajo de la superficie el sistema de túneles de servicio, luz y gas; bajo esto las líneas de alcantarillado, metro y tren; finalmente a mas de veinte metros arranca una antigua red de caóticos túneles mineros, que un día tuvieron mas de seiscientos kilómetros.


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Todo comenzó con la ocupación romana. La piedra caliza era un material muy apreciado, los constructores la extraían bajo las colinas y valles por donde después se extendería la ciudad, asi de levantaban villas, iglesias, catedrales y palacios. Asi el siglo XVIII, cuando la tierra bajo la urbe era ya un queso de gruyer y proliferaban los hundimientos. Un peligro que continua hoy, en fecha tan reciente como el 1 de julio de 1961 un derrumbe hizo desaparecer seis calles.



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En 1777 el recién fundado departamento de inspección de minas las paraliza y traza un ambicioso plan de cimentación de las galerías. Nadie sabe cuantos kilómetros fueron reforzados y mapeados, todos estos documentos se perdieron cien años después, quemados durante las revueltas de La Comuna. Solo quedan algunas inscripciones que hacen las veces de placas de calles.

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Este submundo ha conocido luchas revolucionarias, experimentos secretos de los prohombres de la ciencia francesa (profanación de cadáveres, privación sensorial,…), juegos del ratón y el gato entre los nazis y la resistencia. Una vida que continua hoy.




Pero lo mas singular de este lugar sin duda son las catacumbas, las antiguas minas trasformadas en el mayor osario del mundo. Los restos de mas de seis millones de personas descansan aquí, aportando su granito de arena a sostener la metrópoli. A partir de 1785 el crecimiento demográfico y la insalubridad obligo a vaciar los viejos cementerios intramuros, a veces grandes fosas comunes casi a cielo abierto, como el de Los Inocentes. De noche, en carros de caballos y en solemne procesión se tardaron treinta años en trasladar diez siglos de restos.





Una pequeña parte de estos túneles están abiertos al publico. Tras pagar unos módicos siete euros el turista baja una estrecha escalera y traspasa una puerta con la inscripción: ¡Detente! Este es el reino de la muerte.

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Una visita guiada de una hora por salas y pasillos a base de huesos humanos ordenados caprichosamente. Unas en perfecta geometría, otras descuidadamente, a veces formando motivos religiosos.

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Existe otra forma de visitar este reino subterráneo, una que enlaza no con el pasado sino con el presente y que es, quizás, lo mas emocionante de esta historia.




Aunque de eso hablare en la próxima entrada.

25 de octubre de 2009

Vidas singulares: Fyodor Tolstoi

Hoy hablare un poco sobre un personaje extraño y singular.

La mayoría conoceréis a León Tolstoi, el escritor ruso que se gano un puesto en la literatura universal por derecho propio, no hablare de él, sino de su tío: El Conde Fyodor Ivanovich Tolstoi. Bohemio, extravagante aventurero y hombre de acción.

Su familia era una de las mas antiguas y distinguidas de la Rusia imperial, con una historia que se remontaba al siglo XIV, aunque las disputas políticas habían empobrecido económicamente al linaje, con mas nombre que dinero. Por lo que los Tolstoi enviaban a sus hijos a las academias militares para darles una educación acorde a su rango.

En la academia naval de San Petersburgo Fyodor comenzó a desarrollar su personalidad; Aficionado a las mujeres, a la bebida, al juego, a las emociones fuertes y a los duelos. Aunque también leal y valiente. Ya con 17 tiernos añitos, tuvo su primer duelo, con un oficial que le reprendió por falta de disciplina. A lo largo de toda su vida llego a matar a once oponentes (en aquel entonces los duelos eran perfectamente legales), siempre conservo sus nombres en una libreta, una señal de respeto decía. Finalmente, y milagrosamente, logra graduarse en la academia militar. Gracias a la influencia de un pariente es destinado al prestigioso Regimiento Preobrazhenski, guardias de corps de los zares.

En 1803, con 21 años, participa en la primera circunnavegación mundial de un buque ruso. Para evitar un castigo militar embarco haciéndose pasar por su primo, un pintor que debía dejar constancia del viaje, y que decidió no acudir por problemas con el mareo. Tres años duro la expedición, dos barcos participaron: El Nadezhda y el Neva.

Fyodor había subido a bordo con una bolsa de rublos para jugar a las cartas con los oficiales, pero el capitán Kronstadt prohibió los juegos de azar. Dispuesto a no aburrirse, en las Islas Canarias compro varias cajas de Coñac, en algún punto del pacifico se hizo con una hembra de Orangután y paseaba por cubierta cariñosamente abrazado a la mona. Provocaba constantes peleas entre la tripulación. En las Islas Marquesas, donde pararon para hacer reparaciones, se hizo varios tatuajes y además alquilo cien nativas para satisfacer las necesidades de los marineros, que amenazaron con amotinarse si no se las dejaba subir a bordo. Al Capitán no le quedo otra que permitir la orgía, el primer acto de indisciplina registrado en la historia de la flota rusa.

En una ocasión pego la barba del sacerdote de a bordo al casco mientras este estaba borracho, tuvo que cortársela cuando despertó. En otra de sus ocurrencias entro al camarote del capitán con la Orangutana y le “enseño” a arrojar tinta sobre los papeles de los archivos, perdiéndose todos los registros del viaje. La travesía fue movida, fueron apresados cuando intentaban establecer relaciones diplomáticas con el Japón, participaron en la batalla de Sitka apoyando a los colonos rusos de Alaska contra los nativos Tlingit. Pero seguro que nuestro joven Fyodor fue el mayor quebradero de cabeza de Kronstadt.

Se paso la mitad del tiempo arrestado en su camarote. Solo su rango lo salvaba (en aquel entonces Rusia era una sociedad feudal), pero al final terminaron por abandonarlo junto a la mona en las Islas Aleutianas. No sabemos lo que le paso a la pobre simia algunos dicen que el aristócrata tuvo que comérsela, otros que simplemente la abandonó. Yo no me quito de la cabeza la imagen de la pareja cruzando Asia.

Un viajero con el que coincidió lo describió:

“En una de las aldeas se nos acerco un hombre vestido con un raído uniforme del Preobrazhenski, era alto, de cabello moreno y tenia los ojos inyectados en sangre por el polvo y el calor del camino. Nos hablo sobre él ya que por aquel entonces no poseía la fama que hoy le acompaña. su voz era suave y melancólica, aunque salvaje a la vez. Finalmente tras un rato se despidió y continuó camino.”

Hubo de hacer de brujo y curandero entre los nativos para sobrevivir. A pie y en trineo, tardo mas de un año en volver a San Petersburgo. Al llegar una orden expresa del Zar le prohíbe entrar en la ciudad y es degradado de su puesto de soldado de elite a una fortaleza perdida en la frontera con Finlandia, allí estará tres años. Dos veces será condecorado por su valor en combate durante las guerras napoleónicas, tuvo un papel destacado en la Batalla de Borodino. Otras dos expulsado del ejercito por indisciplina y vuelto a readmitir ante la necesidad de hombres capaces que tenia esos días el ejercito ruso.

Una vez retirado se instalo en Moscú, donde se integro en la vida intelectual de la capital. Un amigo escribió sobre él:

“Era inteligente, como un demonio, y sorprendentemente elocuente. Amaba los sofismas y paradojas, y era difícil discutir con él. Sin embargo, fue, como dicen, un tipo decente: estaba dispuesta a todo por un amigo, de buena gana los ayudaba, pero aconsejaba no jugar a las cartas con él. Diciendo abiertamente que en el juego, como en la guerra, no conocía ni amigo ni hermano, y el que quiere tener su dinero en su bolsillo, tiene derecho a ganar como sea, aun con trampas.”

Se caso con una bailarina gitana que había financiado sus deudas de juego. Tuvieron doce hijos, pero todos, menos la hija mayor, nacieron muertos o murieron antes de alcanzar la madurez. En sus últimos años se volvió muy religioso, pensando que sus once hijos muertos eran un castigo divino por los once hombres que mato en duelo.

Murió el 5 de noviembre de 1846, con 64 años, acompañado de su mujer y su única hija viva.