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20 de febrero de 2010

El humano que fue rey de los elfos.

Un pequeño homenaje a Philip K. Dick, la continuacion de mi puño y letra de uno de sus relatos cortos.



I

El espejo le devolvía una imagen muy diferente a la de aquel empleado de gasolinera. Cuatro años de fatigas, luchas y errores pagados con sangre ajena habían avejentado su rostro, ahora ceniciento y cansado. La profunda cicatriz del perfil izquierdo le recordaba la caída de “Luminosa y bella”, ultima ciudad elfica. El dolor perenne en su cadera hablaba de la emboscada de las tres piedras.

Trato de no caer en ese conocido foso de malos pensamientos, no quería preocupar a sus asistentes, sobre todo al joven Fenil, alegre y ajeno al drama con su nueva espada. Esa misma noche conoceria el combate. Hubiese querido mandarlo lejos, hacia algún lugar seguro para los de su raza; Si aun existía semejante utopía en el mundo. Pero no podía humillarlo así.

Salio de su tienda, envuelta en la oscuridad, esperaba la guardia: Cincuenta valientes y orgullosos guerreros. Sus armaduras, ni enjaezadas, ni relucientes, mostraban años de perdidas y sacrificios. Conocía bien a cada uno de sus dueños.

-¡Cuantas veces os he fallado, y sin embargo jamás dudasteis de mi!- Pensó.

Todo comenzó meses atrás, el antiguo rey se le apareció en sueños. Cada noche, durante años, revivió aquellos breves momentos compartidos, pero con múltiples variantes irreales. En ocasiones no le elegía rey, Shadrach seguía con su gris y vacía vida de anciano prematuro; otras su reinado trascurría feliz, llego a verse como un placido y gordo monarca, incluso vio su propia muerte. Sin embargo, aquella aparición, no podía llamarla de otra forma, resulto diferente.

El Rey Livantobil flotaba en algún páramo oscuro, sin rastro de vida y pleno de sombras danzantes. Una leve aura envolvía su pequeño y pálido cuerpo. Abrió unos ojos vacíos y dijo:

-¡Llámalos al Tambor de Morrigan!-

Shadrach hubiese agradecido alguna explicación adicional, aunque suponía que volver de la muerte ya constituía un logro lo suficientemente agotador y extraordinario como para pedir mas. Llegaron de todo el mundo, a través de senderos secretos y mágicos. Familias enteras; agotados, famélicos, harapientos, hostigados. Acudieron todos. Para estar junto a su rey, para luchar, para morir en su suelo mas sagrado. Y pudo comprobar cuan pocos eran.

Según la leyenda la diosa Morrigan creo allí al primer elfo. De esta forma surgió el nombre que, a veces, usaban hacia ellos mismos: Goledrines, los nietos de la tierra. El tambor, el lugar mas hermoso del mundo oculto. Rodeado de montañas infranqueables. El viento cantaba y jugaba entre sus bosques, sus riachuelos y sobre el gran lago; transportaba el canto de las aves y el despreocupado corretear de los gamos. Los suyos perecerían antes de permitir a ningún maloliente troll mancillar sus campos.

Los esperarían en la única entrada al verde santuario, un largo y estrecho valle. Plantearían una ultima resistencia, tratarían de romper al ejercito invasor.
II

-¡Dios!- Le oyó murmurar su jefe de estado mayor, a su lado en el centro de la formación.

Una marea de antorchas descendía el valle. Todo elfo capaz de empuñar una espada o disparar una flecha bloqueaba el paso, sin embargo, aquella marabunta de animales regordetes les doblaba el numero. La serpiente de fuego se detuvo. Bajo una luna plena y oronda ambas vanguardias se vigilaban ansiosas, esperando una señal. Llego en forma de grito extraño, seco, desgarrado. Los troll se lanzaron gruñendo hacia sus antagonistas.

Ningún sonido nació de las filas elficas, permanecieron inmóviles mientras la primera línea se parapetaba tras una doble hilera de escudos. Los arqueros barrieron los flancos, y antes del choque cientos de picas emergieron entre los escudos. Entonando una melancólica melodía fúnebre y pidiendo perdón habían derribado cientos de árboles para fabricarlas.

El impacto fue brutal, los cuerpos ensartados se clavaron aun mas ante el empuje de sus compañeros, los troll morían de pie bajo la lluvia de flechas. Cuando parecía que las defensas resistirían, sucedió. De las entrañas de la masa de hediondos surgieron docenas de rampas, troll frenéticos saltaron sobre los escudos, cayendo en su retaguardia y rompiendo la línea. Poco a poco el valle fue tornándose en una letanía de dolor, una amalgama de vísceras sin dueño.

Luchaba envuelto en caos. Una herida en el pie no le permitía moverse, aun así, no cejaba repartiendo golpes. Casi de la nada apareció un enorme troll gris, tan grande cómo un humano. Descargo su maza sobre el pecho de Shadrach, aplasto la coraza real, lanzándolo de espaldas. Sabiéndose roto trato de incorporarse, pero el troll se dispuso a rematarlo. Algo lo detuvo, algo rápido y audaz que hundió su metal entre las costillas de la bestia; haciéndola rugir. Pudo distinguir a Fenil justo antes de que su frágil cuerpo cayese quebrado en dos. Gasto sus ultimas fuerzas en atravesar la garganta del monstruo con su espada.

El frió subía por sus piernas, apoderándose de él. Haciéndolo temblar, llevándose el dolor a cambio. Sentía la sangre bullir en sus pulmones y acumularse en su garganta. La oscuridad cubría sus ojos, mientras, los guardias supervivientes formaron un circulo cerrado a su alrededor. Un sonido informe y creciente, preñado de mil ecos, fue abriéndose paso a través de sus alertagados sentidos, la tierra temblaba bajo su espalda.

-Esto debe ser la muerte.- Al menos eso creía. Pero cuando todo ceso aun permanecía en este mundo, y un muro de rostros polvorientos lo observaba en silencio.

-¡Señor!¡Señor!- Era Falgeros, el jefe del estado mayor. Distinguió su rostro exhausto, arrodillado a su lado.- La diosa acudió en nuestra ayuda. Un gran derrumbe se trago a los troll, a todo su ejercito. Murieron aplastados, los nuestros persiguen a los adelantados que se salvaron.

- Bien… bien…- No disponía de tiempo. Solo apretó la pequeña y endurecida mano, trato de levantar la cabeza, la tos sanguinolenta se lo impidió.- Ahora depende de ti. Falgeros, rey de los elfos.

Y con una leve sonrisa Shadrach descanso al fin.

29 de enero de 2010

N... S...

Masacre tras masacre, muro de cuerpos contra muro de cuerpos, lanzas térmicas frente a bocas ansiosas. Arengados en su fuero interno y gracias a las constantes oleadas de refuerzos avanzaban por territorio enemigo. Esterilizando zonas oscuras, hostiles y deformes. Había sido de los primeros en llegar, a estas alturas el único superviviente de su promoción. Solo albergaba lucha, sin pasado ni recuerdos. Las dudas sobre el sentido de su cruzada, de su vida y de su destino, se abrían paso entre las grietas de una mente cansada.

Terminadas las grandes batallas restaban los pequeños focos dispersos. La tarea, lenta e ingrata, reforzó sus particulares ideas. Una vacilación al atacar, una sombra de piedad rematando a un caído. Los pequeños síntomas provocaron la desconfianza de sus compañeros. Hasta que decidió ir en busca de la verdad.

En los eternos túneles de paredes rugosas vio seres nuevos para él. Extrañamente supo, aunque la guerra no era su propósito, que también algunos eran crutidos. La voz crecía en su interior, ordenándole volver y cimentando su convicción de continuar navegando a través de la corriente, así como su miedo.

Siguió sin descanso. Ya no se cruzaba con ninguna criatura, los caminos menguaban y la voz le gritaba. La soledad hizo mella, siempre espero morir rodeado de miles de semejantes. Desesperado llego a una gran pared sin salida, hundió su lanza y todo alrededor comenzó a bullir hasta formar una gran quemadura negra. No vio mas, algo se le rompió dentro y un torrente de dolor se abrió paso por un instante, luego oscuridad.



Estimado señor Peña:

En primer lugar permítame felicitarle por su reciente centenario, esperamos que siga disfrutando muchos años de tan magnifica salud.

Asimismo mostrar nuestras mas sinceras disculpas por el desafortunado incidente relacionado con su nervio óptico, gratamente resuelto sin complicaciones. Nuestros nanocitos poseen un nivel básico de psicología, imprescindible para su funcionamiento e interrelación de grupo. El desajuste de una unidad y el fallo del desactivador interno durante tanto tiempo es un fenómeno corregido que no se volverá a producir.

Sin mas despedirme de usted, deseándole el disfrute de los seis meses de servicio gratuito según lo acordado.

Dadila Gimer torrente, jefa del servicio de comunicación de Nano Ser S.A., a 17 de abril de 2079.

22 de enero de 2010

Herederos.

A veces, solo a veces, la brevedad tambien es una virtud en literatura. Sigo pues con los microrrelatos.


Herederos.

A pesar de sus reticencias obedeció las premisas y bombeo otra linea de estimulantes. El maltrecho corazón reanudo su cansada tarea. La calma duró poco. Dudo, una chispa surgida de algún oscuro rincón luchó, golpeó y prevaleció sobre una mente repleta de imagenes, datos y etiquetas. No hizo nada por alargar la agonía, solo observo. Aquel cuerpo roto, anciano y deforme moría entre breves temblores. La raza humana se sumia en la noche, extinta con su ultimo vástago.

Debía informar, aun confuso transmitió la noticia. Millones de sintéticos por todo el planeta, incluso mas allá, miraron a su alrededor con ojos nuevos. Desde el gran planificador hasta el humilde minero, todos lo sabían, estaban solos. Sus creadores no volverían. Dieron gracias por la herencia recibida y volvieron a sus tareas. Tenían todo un mundo ante ellos.

19 de enero de 2010

Dinastías

Un microrrelato no necesita argumento, ni trama. Puede basarse en una sensacion o una idea, por muy delirantes que puedan parecer. Para muestra unas cuantas palabras.


DINASTÍAS

La vida es una caja de sorpresas, Jerjes debería haberlo sabido. Pero en la educación de un príncipe persa, destinado a convertirse en divinidad viviente, no se incluye la idea de que los demás puedan estropearte tus planes; ni siquiera el concepto de azar. Por eso, tras disiparse aquella extraña niebla, su primer mandato fue la crucifixión de su jefe de espías. Esperaba a un pequeño grupo de griegos defendiendo un estrecho paso, los barrerían en pocas horas y colocarían sus cabezas en las lanzas de las avanzadas, ejemplo y escarmiento para toda la Helade. En su lugar una gran muralla, tan alta como las de Babilonia, les cerraba el paso.

Los defensores del abismo observaban atónitos, aquel ejercito se parecía muy poco al esperado. Unos miles de Uruk-hai, no la infinita masa humana, diversa y, también, asombrada que tenían frente a ellos. Cientos de estandartes diferentes, viejos uniformes, harapos; una infinidad de rostros cansados y polvorientos, dispuestos a engullirlos por puro numero. Gimli y Legolas discutían, Aragorn se preguntaba sobre la ultima treta del mago traidor, Théoden seguía pensando en la derrota y el olvido, los elfos se lamentaban por la falta de sangre orca para derramar. Mientras un emisario gordo, sudoroso, amanerado y cubierto con ropas de colores vivos se adelantó en un orgulloso caballo. Probo el dorico, el atico y el arcadio, mientras desde arriba se obstinaban en contestarle en oestron, sindarin e incluso en khuzdul. Volvió a sus filas temiendo por su cabeza y maldiciendo en arameo.

El señor de naciones, no había llegado hasta allí para retroceder, en cuanto tuvo escaleras suficientes atacó. Piedras, aceite hirviendo, flechas, hondas, jabalinas. Bajo este infierno oleadas de peones morían en el intento, los pocos que llegaban a escalar la muralla caían sin remedio. El rey persa seguía el asalto a través de su tubo de lentes, paseaba nervioso, consultaba a sus consejeros y generales sin escucharlos. Furioso y perplejo, tras dos horas de lucha, hubo de escupir la orden de retirada. Adelantó las catapultas para un bombardeo masivo, perdió el resto del día y agotó los proyectiles, ni una mella decente en las piedras de la fortaleza. Durante la noche ambos bandos padecieron extraños sueños; fabulosos guerreros de capa roja y grandes escudos contenían a hordas de monstruos.

Con las primeras luces los Inmortales ya trataban de ganar los muros. Jerjes escudriñaba las almenas cuando los vio, bellos y letales, orejas puntiagudas y fina piel se adivinaban en la distancia. Excitado llamó a su castrador personal, necesitaba a esos arqueros, quedarían perfectos como eunucos de su harén.

24 de diciembre de 2009

La fuente de la vida

Otro microrrelato de ciencia ficcion, con un toque oscuro.


LA FUENTE DE LA VIDA

Año coordinado 1561

I

El planeta de los condenados. Así llaman a este lugar, en el cual, esperamos al frío destino recolectando huevos de Doxcidos, bajo dos inmóviles soles negros.

Es la fuente de la vida, dicen. El mejor remedio para las enfermedades reclutadas por el ser humano en su dispersión por la galaxia. También el peor castigo ideado jamás por mente imperial; de este viaje no existe retorno posible. Sombras opacas, entre la figuras difusas de los guardianes, embutidos en sus trajes de aislamiento ambiental. La eterna niebla, cenicienta y corrosiva, nos envuelve a todos.

El polvo quema los pulmones, se come la piel y lacera la carne supurante, convirtiéndote en un recuerdo de lo que fuiste. Finalmente también se lleva pelo, labios y parpados; troca los ojos en pequeños despojos viscosos, negros, muertos. Hasta que un día no puedes levantarte y tus compañeros caen sobre ti, arrebatándote lo único que posees: Los harapos que te cubren y, apenas, protegen. Y no puedes gritar, tu lengua es una gran llaga carmesí.

Aun debo hacer algo antes de partir. El culto prohibido de Nortifez me trajo a este infierno, pero sus rituales genéticos me transformaron en mas que un hombre. Hoy ayudaran a cumplir mi ultimo deseo.


II

Lo conseguí, nada mas importa. Su preciosa cosecha, sus vidas; todo lo perdieron entre llamas. Solo quedan los gritos de alimañas depravadas en mi memoria. Ningún guardián sobrevivió. Ella huye a mi lado, mi nueva y ultima compañera. Ya no posee ni nombre, solo otro numero en registros malditos. Puedo sentirla, miedo, excitación, sudor… forman una pasta ocre y deliciosa en sus terminaciones nerviosas, tan densa como la mía.

Nos adentramos en las cavernas, inframundos olvidados de esta roca. La noticia de mis hazañas debe haber llegado a otros campos de trabajo; el eco de nuestros perseguidores danza contra las paredes.

Desnudamos nuestros cuerpos, el terrible espectáculo no nos conmueve. Dolor y placer son lo mismo, una única sensación sublime entre estertores. Ni intentaríamos defendernos si cayesen sobre nosotros.

Todo termina, somos una masa rojiza, entrelazada y palpitante sobre el suelo pétreo. Dos consciencias entrelazadas frente a su final. Tal como preconiza la nueva escuela clásica, aunque con un método algo distinto.

13 de diciembre de 2009

Recuerdos

Retomo la pagina tras unos días alejado.

Este microrrelato nacio al calor de La fabrica de relatos, el taller de creación literaria del foro Somos Leyenda.



RECUERDOS



Era su compañera, su única compañera en la larga espera ya llegada a su fin. Beso la fría mejilla, deposita una rosa aun turgente sobre el pecho y, enjuagando la ultima lagrima, activo el mecanismo de sellado y expulsión.

Observó. El ataúd, lento, parsimonioso, sin prisas, desapareció engullido por el oscuro vació. Quizás algún día escapase de la orbita del gigante gaseoso, quizás llegase a la tierra. Aquel planeta desconocido para él que tanto había añorado Thais.

No subió a la cabina de transporte, prefirió recorrer a pie el camino hacia la sala de control. Los pasillos, decorados por ella para simular el calor hogareño, se le antojaban tétricos despojos de una vida, de una derrota.

En la sala jardín su ajado cuerpo se negó a continuar. Rendido sobre un banco tantas veces compartido, inspiró por ultima vez el verde frescor vegetal. Solo lo sentía por aquel lugar. Las jacarandas y las buganvillas continuaban esplendidas, el viejo olivo seguía mostrando orgulloso un corazón con dos nombres en su interior. ¿Cuántas veces había podado los frutales? Cincuenta años de recuerdos, demasiados. Y nunca en todo ese tiempo un reproche por alejarse de las rutas comerciales, por forzar demasiado la nave, por ser el único culpable de su situación.

Debía seguir, obligo a su quejosa rodilla a acompañarle hasta su destino, su ultimo destino. Por fin llegó hasta el asiento de navegación. Sus manos, antaño firmes, ahora pálidas y apergaminadas, llenas de venas irregulares e hinchadas como túneles excavados por algún topo se resistían a obedecerle. Se ajusto el psicocasco y elevo el timón auxiliar.

En el exterior El Caballero Errante volvía a visitarlos luciendo su cabellera rojiza, fiel a su cita, como cada mes. Uno de sus pasatiempos preferidos consistió en poner nombre a los objetos cercanos. El Gran Cabron llamaban entre risas a Gissele581d , el planeta en cuya orbita estaban atrapados, La Dama Nocturna bautizo Gosfer a unos de sus satélites, tan parecido a su Encelado natal.

Apago la señal de socorro. Ajusto los motores para el ultimo impulso, los cálculos llevaban días hechos. Nada debía fallar.

La sacudida le arranco una maldición, no recordaba lo brusco que podían ser esas aceleraciones. Un sonido blando llego hasta sus oídos durante unos instantes, de repente nada, solo silencio. Las luces de reserva saltaron y una voz femenina anunciaba la activación del soporte vital de emergencia. No quedaba energía, todo marchaba bien.

Poco a poco la nave fue perdiendo el eje de rotación mientras descendía. Inapreciable primero, sin control después, caía girando alocadamente hacia la alta atmósfera concentrando una visible capa de calor en torno suya. Espero unos segundos a estar inmerso en una espesa capa de gases. Necesito cinco verificaciones para abrir las escotillas y la bodega de carga. De lo que sucedió después apenas fue consciente. Una bola de calor lo envolvió, trato de gritar pero su carne se volatilizó sin darle tiempo a sufrir mas.

Ya sin ningún testigo, a miles de millones de kilómetros de cualquier ser humano, la Opimus se sumergía para siempre en un mar de mercurio, en un mar de olvido.

9 de noviembre de 2009

Futuros.

Aqui os dejo un microrrelato mio surgido de La fabrica de relatos, el taller literario del foro en el que participo.


La infancia de la tierra había terminado, los medios de comunicación lo repetían aquellos días.
Estupidos engreídos, la gran madre permaneció ajena a los cataclismos humanos.Como un ladrón en la noche, asi hablaba el antiguo libro sagrado, y asi fue la llegada. Amos del espacio y el tiempo, habitantes sin forma definida del éter interestelar, formaban uno solo con su tecnología.
Escrutaron nuestras almas y nos mostraron regalos maravillosos, no eran gratis, lo descubrimos pronto.De un soplido acabaron con el hambre, las enfermedades y las guerras. Ni uno solo de los grandes poderes, alimentados por injusticias y dolor, osó oponerse.
Después hablaron del pasado, de cómo injertaron fragmentos de su propia esencia en nuestra herencia, preparándonos para nuestro futuro, para nuestro destino.
Entonces eligieron a sus heraldos, profetas de la nueva humanidad. Fuimos millones, a cambio de renunciar a parte de nosotros recibimos las ampliaciones biológicas: Una vida sin fin, un cuerpo renovado y una mente trocada en un horno de poder. Pero muchos murieron, incapaces de resistir el proceso, la indiferencia de los visitantes sembró la primera semilla de desconfianza.
Servidumbre y gloria, esa fue su oferta. Dioses sirviendo a otros dioses, convertidos en sus guerreros, sus primados, sus esclavos; llevaríamos su decadente hegemonía de ancianos hasta los confines de la galaxia.
Algunos acudieron a abrazar la nueva fe, otros se negaron, primero en las sombras, finalmente en las plazas publicas.El amanecer del Armagedón, la batalla final por la humanidad, no se libro con armas de metal, sino con las de la palabra y la voluntad.
Las Nuevas Naciones Unidas llamaron a todos, y la gente voto, entre amenazas de desastres y dudas, tras el resultado los lideres del mundo invitaron a los extraños a marchar en paz. No se fueron solos, aquellos consagrados a su causa se les unieron en la partida.
Yo mismo estuve cerca de hacerlo, solo el miedo me lo impidió.El momento de la revelación había llegado, lo llamaron bombas de ADN. Estallaron en la atmósfera, se fueron arrebatándonos lo entregado milenios antes.


Ya estaba bien de escribir. Apartó el pergamino y se puso en pie. El sol calentaba lo suficiente como para volver a sentir la vida apoderándose de su carne.
Desde su posición miro alrededor.Al norte, entre muñones de piedra, la arboleda cubría el antiguo centro de la ciudad. Mas allá del rió los gamos saltaban despreocupados, una partida de caza los vigilaba atenta.Hacia el este los campos de cultivo de extendían como uno de esos puzzles de la edad dorada, conformados por piezas de diversas formas y colores.El sur y el oeste se movían ajetreados, chozas, pequeños talleres artesanales, secaderos de carne sobre la vieja autopista.
Si en algún momento de su larga existencia se sintió feliz, fue en aquel instante tan cercano a su muerte. Durante siglos, él y sus iguales, habían guiado a los hombres a través de la inevitable transición. El retorno de los desposeídos a sus orígenes, a la matriz de la raza, esta vez el camino hacia la historia seria mucho mas lento.
La tarea estaba cumplida y el ultimo de los titanes, asi lo llamaba su pueblo, pensó que era hora de descansar.

1 de noviembre de 2009

Recicladores.

Aqui os dejo otro microrrelato.



I

A pesar de sus doce años Thalor ya era un recolector avezado. Podía seguir una tubería secundaria durante kilómetros, discernir los sonidos previos a que una sección se inundase de gas, elegir la gotera correcta para beber ó acechar a una rata en la oscuridad. Eran nómadas, su tribu recorría el entramado, siempre por debajo del décimo nivel. No se les permitía ir mas allá. Cribaban los menguantes desechos que llegaban de arriba y los trocaban por suministros. Simas de desagüe, claros, intercepciones, a lo largo de generaciones los suyos habían marcado su mundo y donde la memoria no alcanzaba un signo grabado en el metal señalaba un punto de recogida, un canal aprovechable o un ramal sin salida. Una vida dura, pero sabían que cada ser, hasta los gusanos de la putrefacción, tiene un sitio y un destino en la obra del gran arquitecto.

Por eso cuando recibieron la visita de los técnicos, habitantes del vedado mundo superior y únicos conocedores de los designios, reclamando una valiosa pieza perdida en las profundidades Armeso, su líder, consulto algunos ajados mapas. Busco indicaciones, caminos para bajar allí donde las leyendas solo hablaban de monstruos y bestias asesinas. Frunció el ceño y envió una docena de jóvenes en pos de la magra recompensa.

Thalor viajaba rápido, su primo Metil lo seguía arrastrando la pierna tullida. Descendieron durante días. La caza, escasa perse, menguo hasta casi desaparecer. Al agotarse sus reservas de carne seca alcanzaron el fondo.

Desperdicios de todo tipo caían desde los maltrechos tubos, formando un rico humus, hogar de miríadas de insectos. El terreno irregular complicaba la marcha, el aire viciado quemaba sus pulmones. Aunque pronto encontraron lo que buscaban. En el centro de una laguna, enredado entre tallos de plantas acuáticas: Un cilindro transparente, tallado en múltiples facetas.


II

El rostro de Kuri, el sanador, lo recibió al despertar. Trato de incorporarse y descubrió que le faltaba la mano derecha. Entonces recordó.

Volvían a la orilla. El agua, oscura como una maldición, los cubría hasta el pecho. La enorme criatura ataco por atrás. Su primo no llego a gritar, vio su cara de terror mientras aquel ser de escamas rígidas, ojos ambarinos y fabulosa boca de pesadilla lo arrastraba al fondo. Un segundo engendro trato de cazarlo, solo logro llevarse su mano de un mordisco. Asi terminaban sus recuerdos.

Kuri levanto el cilindro y dijo:

-Has conseguido un gran premio para tu pueblo.- Sonrió, le puso la mano en el hombro y sentencio- A ti te corresponderá entregarlo.


III

Su abuelo perdió la mitad del patrimonio familiar entre mesas de juego y camas de, voluptuosas y caras, bailarinas. Su padre, pusilánime y apocado, contemplo sin mover un dedo la lenta decadencia y ruina de sus heredades. Él, décimo Señor de la Ampliación Este, traiciono sus principios. Se caso con la hija de un acaudalado comerciante sin genealogía, ávido de nietos con apellidos ilustres. La dote le permití reconstruir sus posesiones, repartir sobornos y organizar recepciones lo suficientemente lujosas como para obtener un cargo secundario: Jefe de subsuelo del distrito central. Quizás otro hombre se hubiese conformado, pero su ambición no conocía limites.

Meditaba satisfecho sobre su pequeño triunfo, mientras su transporte volaba a través de los interminables arrabales, hacia el palacio ducal.


IV

El duque Mirkalos perdió pronto su juventud entre conspiraciones y revueltas. Su porte se marchito y su cabeza encano. Había soñado con ser un gobernante equilibrado y justo, en lugar de eso las ejecuciones se sucedieron durante todo su gobierno.

Pero ese día se sentía feliz. Entro en las habitaciones de su primogénito, solo el niño y un inmóvil anciano de barbas venerables se encontraban allí. Presiono la nuca del viejo, un pequeño soporte se activo y un cilindro transparente de múltiples facetas le encajo a la perfección, perdiéndose dentro de la cabeza.

-Zenón ha sido el tutor de tus antepasados durante generaciones. Si vuelves a tirar su unidad de raciocinio por los conductos de reciclaje haré que te acuerdes toda tu vida del castigo.- Advirtió a su hijo.

21 de octubre de 2009

Orbita de castigo.

Esta fue mi primera incursion en la escritura, hace no demasiado tiempo.

ORBITA DE CASTIGO

Año coordinado 1894

Babieca, la nave insignia enemiga, antigua y orgullosa, aun parecía pretender la victoria instantes antes de transformarse en una informe masa de chatarra y hueso. La utopía moría bajo la metralla. Sus acompañantes, naves jóvenes capaces de odiar y temer, abandonaron la esperanza, unieron sus cuerpos hasta formar una gran esfera acorazada. Huyeron mas allá, hacia el espacio inexplorado, con su valiosa carga de disidencia humana.

Ya solo quedaba una cosa por hacer. Los motores rugían en la alta atmósfera como fieras furiosas ante su presa. Cientos de forzadores de bloqueo, bólidos incandescentes, abandonaban la flota en caída libre hacia el planeta. Los escudos de iones imponían una lucha terrestre, a la vieja usanza. El bastión rebelde vendería cara su derrota. El descenso, corto; El impacto, brutal. Cada sacudida, tal vez, la ultima. Pero a un legionario imperial no se le concede derecho a la duda, ni al miedo. Sus conexiones intracraneales no solo transmiten datos y ordenes, también descubren pensamientos.

Un calor obsceno los recibió al abrirse las compuertas, el infierno saludaba. Un mundo acuático y ardiente, ciénagas, pastizales y deltas en eterna niebla. Exoesqueletos vibrantes, metal y carne diezmados por las armas de plasma... todo vuelve a empezar.

Los supervivientes de la Séptima Legión Ares, crueles parodias humanas postradas en sus cápsulas, desvanecidos de las crónicas tras su derrota, orbitan el escenario de su verguenza, reviven masacres y violencias en una extraña condena. Bombardeados por secciones hormonales y mantenidos por miríadas de nanocarroñeros en un ciclo sin fin aparente. Desean terminar. Llaman a lo oscuro e incierto, ya no son soldados. Extraños reclutados para matar extraños. Ahora, quizás, algo diferente. Ahora, quizás la primera línea de la rebelión en la órbita de castigo.